Explorar el espacio como soporte de producción
artística permite indagar las complejidades del hombre desde una aproximación
antropomórfica, vinculando conocimientos que van desde la ubicación del
individuo en el lugar, su recorrido, su percepción, el intercambio entre varios
individuos, hasta el propio espacio físico que acoge todos estos actos.
Se puede analizar todo aquello que implique
movimiento de un cuerpo en el espacio, desde las artes puras, la arquitectura,
la danza, el teatro, el cine o la fotografía, todo aquello que permita una
percepción espacial, siendo este espacio un medio y un canal de trabajo,
indagando en la comprensión de las dinámicas individuales de cada lugar.
Observar el espacio como dimensión, extensión,
materialidad, realidad, configuración, estructura, inducción, diseminación o
fragmentación, todo tiene cabida en el espacio.
El espacio no solo entendido como medio físico
transformable, como un proceso continuo vinculándose al recorrido, al
significado de ese recorrido, a su uso y desuso, a la escala, al material y a
las circunstancias.
Vinculándose con los procesos acumulativos, el espacio
en sí es una acumulación de elementos, desde lo tangible hasta lo intangible,
desde su percepción individual hasta su percepción colectiva, el espacio como
ámbito transformador y transformado a partir de la disposición de sistemas
espaciales.
La transformación del espacio por medio de la
acumulación de elementos es la premisa fundamental de esta investigación, el
tiempo como elemento indispensable ya que se vincula directamente a lo efímero
como elemento constructor y transformador de la espacialidad.
Son propuestas de espacios mentales a partir de
fragmentos de texturas globales, son espacios transformados en función de un
tema de representación, espacios envolventes, y compulsivos, un pensamiento quizás
sobre la obra de Tobias Rehberger.